Brasil (1985)

Brazil

Ficha técnica

Comedia · Ciencia ficción · Terry Gilliam · 2h 23min

Sinopsis

En un extraño y deprimente universo futurista donde reinan las máquinas, una mosca cae dentro de un ordenador y cambia el apellido del guerrillero Harry Tuttle (Robert de Niro) por el del tranquilo padre de familia Harry Buttle, que es detenido y asesinado por el aparato represor del Estado. El tranquilo burócrata Sam Lowry (Jonathan Pryce) es el encargado de devolver un talón a la familia de la víctima, circunstancia que le permite conocer a Jill Layton (Kim Greist), la mujer de sus sueños. Y, mientras la persigue, hace amistad con Harry Tuttle y se convierte en su cómplice.

Veredicto

Sátira distópica con violencia gráfica y crítica al totalitarismo opresivo.

Análisis detallado

En Brasil, Terry Gilliam pinta un futuro deprimente donde la burocracia totalitaria ahoga la dignidad humana bajo montañas de papeleo y máquinas defectuosas. Un error informático transforma a un padre inocente en terrorista, sellando su muerte brutal, y arrastra al burócrata Sam Lowry a un torbellino de rebelión y romance. La película brilla en su sátira mordaz al abuso de poder: el Estado, personificado en inspectores sádicos y torturadores, reduce al hombre a un número, pero Sam resiste soñando con alas de libertad y persiguiendo a Jill, la mujer ideal. Este conflicto central revela la tensión entre el orden mecánico y el anhelo humano de trascendencia, mostrando cómo la opresión despiadada corrompe todo, desde la familia hasta la amistad. La violencia es cruda, con escenas de tortura que impactan por su realismo perturbador, recordándonos el horror de la deshumanización. El romance queda en insinuaciones oníricas, sin caer en lo explícito, mientras el lenguaje callejero añade crudeza al caos. Más allá de la comedia negra, Brasil invita a valorar los vínculos simples –familia, amor, coraje– como antídoto al control absoluto. Para padres, es una lección sobre proteger la libertad personal y familiar frente a sistemas que la erosionan, aunque exige madurez para sobrellevar su tono sombrío y sus imágenes intensas.